La mordida invertida de Fernando VII que retrató Goya

La mordida invertida de Fernando VII que retrató Goya

15/10/2012

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Fernando VII

Decían que era culto, amante de las letras y un apasionado acérrimo de los toros. Fumador empedernido con tendencia a la obesidad y, según muestra su historial clínico, con una macrosomia en el pene. De rey deseado a rey felón, nuestro personaje fue retratado en multitud de ocasiones por Francisco de Goya y, a pesar de que nuncó posó para él, retrató como nadie su deformidad dentofacial. Fernando VII tenía los rasgos característicos de un prognatismo (adelantamiento de la mandíbula), propio de la saga de los Borbones.

Florencio Monje, jefe de Servicio de Cirugía Oral y Maxilofacial del Hospital Infanta Cristina de Badajoz y coautor junto con su hermano, Isidoro Monje, del libro ‘Las pinturas de Goya y las deformidades dentofaciales’ quiso plasmar en este libro esta y otras alteraciones faciales. «Gran parte de la patología maxilofacial puede recorrerse a través de distintos cuadros y personajes en la pintura de Goya», asegura el doctor explicando que fue precisamente por eso por lo que decidió escribir este libro.

El prognatismo

Monje se detiene en contar precisamente ese llamado prognatismo, un problema no muy frecuente entre la población, pero que suele acarrear algunos problemas psicológicos de autoestima o inseguridad.

Pero antes de prognatismo, hay que hablar de la maloclusión. Esto es, una malposición dentaria (mala alineación de los dientes) del que se ‘desglosa’ el prognatismo. «Es un término muy genérico que quiere decir que los dientes no ‘encajan’ como deberían«, puntualiza el doctor aclarando que el nombrado prognatismo y la mordida invertida es un subgrupo de la maloclusión.

Estas dos afecciones, prognatismo y la mordida invertida, son sinónimas pero, matiza un aspecto: La mordida se refiere a la relación de los dientes, por lo que la mordida invertida consiste en que los dientes de abajo están por delante de los de arriba. Lo normal es que los dientes superiores sobresalgan «un poquito» sobre los inferiores, pero aquí ocurre lo contrario. Por su parte, el prognatismo se refiere a la deformidad esquelética que esto produce. «El maxilar superior se queda atrás y la mandíbula, delante», concreta.

En el caso particular de Fernando VII, matiza el doctor, su prognatismo se incrementaba porque en esa época era fácil perder los dientes de la arcada superior. Actualmente, existe un tratamiento combinado de ortodoncia y cirugía, con él «se corrige perfectamente esta alteraión», afirma con contundencia. Se debe hacer un diagnóstico previo correcto. En cada caso, la asimetría entre ambos huesos puede variar, por lo que hay siempre que estudiar a cada paciente de forma individual.

Causas, diagnóstico y estética

A pesar de no ser un problema muy frecuente, aparece en algunos casos desde el propio nacimiento. Puede ocurrir que se corrija durante la maduración y el crecimiento del niño o que, por el contrario, siga estando presente y sólo se corrija por ortodoncia o cirugía.

Esta deformidad puede parecer por tres causas fundamentales. Por factores hereditarios, como es el caso de Carlos IV o el propio Fernando VII, por accidente y sobre todo, por la pérdida dental y la atrofia ósea que genera. No suele suponer problemas graves, pero sí «malas masticaciones», aunque es básicamente un problema estético.

Es importante que haya un buen diagnóstico y tomar en cada caso la decisión acertada, porque estas personas pueden tener problemas de autoestima o de integración social debido al complejo que puede generar. «El trasfondo estético es muy importante«, reconoce el doctor.

Pero si hablamos de estética y medicina, este especialista reconoce a Goya la precisión de un gran fisionomista. «Es un personaje excepcional, soberbio y prolífero» que además plasma perfectamente cuál es su verdadero sentimiento con respecto a los personajes pintados, «si los venera, los ignora o incluso los detesta», señala Monje. En el caso particular de Fernando VII, este especialista relata que es curioso ver cómo Goya pinta esa deformidad de forma muy sutil en el cuadro ‘La familia de Carlos IV’, cuando el rey tenía 14 años. Sin embargo, a medida que es adulto y las relaciones con Goya van siendo cada vez peores, lo pinta más desfavorecido, «quizá acercándose a la realidad».

Visto en: www.elmundo.es y en www.oralmaxilofacial.com

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